Interdependencia e Indivisibilidad de los Derechos humanos

¿Podemos tener salud si no hay agua potable; si no tenemos un servicio de recolección de basura diario y eficiente, si nuestra comida no balanceada o simplemente completa, si en los hospitales no recibimos la atención debida?

¿Podemos vivir una vida digna si los salarios no son justos y las condiciones de trabajo no nos dejan tiempo para desarrollarnos como personas y como integrantes de la comunidad?

¿Podemos esperar que nuestro hijos o hermanos aprendan en escuela si no están bien alimentados o no tienen un especio cómodo e higiénico para estudiar en casa, si tienen que salir a trabajar desde niños o si en las cercanías del hogar no hay escuelas?

¿Podemos ejercer el derecho a participar en los destinos del país y elegir si nos reprimen cuando manifestamos para reclamar nuestros derechos?

¿Podemos esperar que nuestros hijos o hermanos aprendan en la escuela si no están bien alimentados o no tienen un espacio cómodo e higiénico para estudiar en casa, si tienen que salir a trabajar desde niños o si en las cercanías del hogar no hay escuela?

¿Podemos ejercer el derecho a participar en los destinos del país y elegir si nos reprimen cuando manifestamos para reclamar nuestro derecho?

Desde hace mucho tiempo la gente que trabaja por los derechos humanos ha intentado responder a estas preguntas. No ha sido fácil ponerse de acuerdo y esto derivó en diferentes posiciones sobre los derechos humanos que no siempre favorecen a la visión integral de los mismo. Conocerlos nos permitirá entender la importancia de tener una visión de su interdependencia.

Una de las clasificaciones más usadas y conocidas es la que divide a los derechos humanos en tres generaciones: clasificación hay tres generaciones de derechos humanos:

 

  • Los derechos humanos de la primera generación o derechos civiles y políticos: tienen su origen en la Carta Magnade Inglaterra(1215), que establecía el hábeas corpus (nadie puede ser detenido arbitrariamente), y su reconocimiento formal en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (Francia, 1789). Se clasifica como de primera generación porque fueron reconocidos en algunos países antes de que la comunidad internacional se pusiera de acuerdo en reconocerlos colectivamente.

 

  • Los derechos de la segunda generación o derechos económicos, sociales y culturales: tienen su origen en las luchas sociales de fines de siglo XIX y fueron reconocidos formalmente en la Constitución de México (1917) y en la Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador Explotado (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, 1918). Se denominan de la segunda generación porque fueron reconocidos en algunos países después de la primera generación.

 

  • Los derechos de la tercera generación o derechos de los pueblos: tienen su origen en este siglo, en las luchasde los pueblos contra el colonialismo y porque la plena independencia e igualdad de todas las naciones del mundo. Aquí están incluidos el derecho a la autodeterminación (a escoger la forma de gobierno por elecciones y organización social), el desarrollo, la paz y la protección del ambiente. Estos derechos están empezando a ser reconocidos por los Estados en la actualidad.

 

  Esta clasificación ha sido criticada y Provea coincide con esta crítica, por ser inexacta y porque atenta contra el principio de la interdependencia e indivisibilidad. Efectivamente, los primeros derechos reconocidos internacionalmente por los Estados fueron los contemplados en la Constitución de la OIT en 1919, y no fue sino hasta 1948 cuando se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Históricamente algunos convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son anteriores a la Declaración de los Derechos Humanos, así como lo son los derechos de los trabajadores y del trabajo. Por eso es imposible afirmar que los derechos a la educación, al trabajo, a la salud pertenecen a una segunda generación

Además, según este mismo autor,

  La teoría convencional de las tres generaciones no es válida ya que por su esencia rompe el principio de la integralidad […] debemos tener el coraje de apartarnos de la doctrina de las tres generaciones, que además en América Latina sirve para que los derechos económicos, sociales y culturales sean marginalizados

  Otros Autores han intentado sistemas de clasificación que también son parciales e incompletos, entre ellos el siguiente:

  Derechos individuales o derechos civiles y políticos: protegen la vida personal del individuo y son los más conocidos por la gente. Entre los denominados civiles podemos mencionar el derecho a la vida, a la integridad (a no ser amenazado ni hostigado), a la justicia, a la nacionalidad, a la libertad de pensamiento, de conciencia y religión, a contraer matrimonio y fundar una familia, etc.

 

  Entre los derechos políticos -que ejercen en la mayoría de países los mayores de edad- encontramos el derecho a participar en los asuntos públicos y a ejercer funciones públicas, a formar partidos políticos u organizaciones sociales, a participar en elecciones para elegir a los gobernantes, a manifestar o reunirse, etc.

 

  Derecho colectivos o económicos, sociales y culturales: esta clasificación considera que los derechos pertenecen no solo a las personas consideradas individualmente sino también a los grupos humanos. Podemos citar entre los económicos el derecho a la propiedad individual y colectiva, al desarrollo, bienestar y seguridad económica. Se conocen como derechos sociales el derecho a la alimentación, al trabajo, a la seguridad social, a la huelga, a la salud, a la vivienda, a la educación, a un ambiente sano, entre otros. entre los derechos culturales se destacan el derecho a crear y disfrutar de la propia cultura, a gozar de los beneficios de la ciencia y tecnología y a la libre investigación científica, literaria y artística.

 

  Para la mayoría de los autores que comparten esta clasificación el Estado tendría obligaciones negativas (de no hacer: no torturar, no? arbitrariamente, no censurar, etc.) en el caso de los derechos civiles y políticos, y obligaciones positivas de hacer en el caso de los derechos económicos, sociales y culturales. Sim embargo, en la práctica ello no es así. Para garantizar cualquier derecho humano el Estado debe abstenerse de hacer algunas cosas y debe realizar otras. Por ejemplo, para garantizar que los cuerpos policiales no torturen, no basta con que la Constitución lo prohíba, el Estado debe intervenir además implementado políticas de educación dirigidas a los funcionarios policiales y debe sancionar e investigar las denuncias de violaciones a los derechos humanos que reciba. Es decir, que debe realizar acciones concretas. Para garantizar el derecho a la salud, el personal médico, por ejemplo, no debe llevar a cabo prácticas contrarias a la dignidad humana: es decir, debe abstenerse de hacer ciertas cosas.

 

 Quizás la más contradictoria clasificación tradicional es la que distingue entre derechos fundamentales y derechos adquiridos, ya que establece una peligrosa jerarquización según la cual los fundamentales son inseparable de la existencia humana (vida, integridadpersonal) y los adquiridos se poseen por el derecho de vivir en comunidad y sociedad.

 

  Esta clasificación, tal como lo decíamos al comienzo de este folleto, está vinculada a un memento histórico en que el tema de derechos humanos dividía a los Estado según su posición ideológica. Es así que los derechos «fundamentales» (libertades individuales) eran defendidos por los países occidentales capitalistas, y los derechos sociales, por los países socialistas.

 

  Esta clasificación es la que más atenta contra el principio de interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, puesto que no es posible pensar en desarrollar la dignidad humana garantizando solo las libertades individuales. El desarrollo de los derechos humanos ha demostrado un proceso de evolución por el cual, por ejemplo, el derecho a la vida hoy implica tener una buena alimentación, tener un trabajo justamente remunerado o acceder al sistema de salud, y no solamente no morir condenado por la acción represiva del cuerpo policial.

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